Si hubiera sabido que te ibas… no te hubiera amado tanto.

Me entregué al filo de tu boca, a tus intenciones y a tus sueños. A tu tiempo, ritmo y dirección.

Me acomodé demasiado en el borde de tu cuerpo, me acurruqué de más en el margen de tu silueta.

Me aseguré en ti, me confortaste y me hiciste negar de incertidumbres. Sin límite, sin ovación ni ocasión. Te pensaba y me consumía, me llenaba, me embobaba.

Me hiciste creer en lo que no creía, burlaste mis miedos, me guiaste y desechaste mis decepciones al vacío. Me encantaste, me embrujaste de cursilerías, miradas indiscretas y me retaste. Alteraste mis sentidos, cosiste todas mis heridas y te ví….

Sí. Te ví cien años después. En un fin del mundo. En trágicos y románticos encuentros.

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Me buscaba y me encontraba en sus respuestas, en tus caricias y en cada promesa innata… te escribía en verbos y me volvía adicta a tus palabras, a tu olor a tu forma de ser. Te quise como tierra firme, como una predicción obvia del futuro. Indudable. Indiscutible. Eras evidente.

De mi polvo hiciste brillo. Y del brillo de mis ojos te apoderaste, te llenaste. Mis manos con gusto te escribían y mis pensamientos te (se) desvelaban.

Y yo si apostaba por ti. Y yo juraba y ponía mis manos al fuego.

Te regalé todas mis caricias, te doné todos mis sueños y te culpo de robarte mis planes de futuro. Eras el calor de mis mejillas, las líneas de mis manos. La razón, la inquietud, la incertidumbre, la lava en mis venas.

Me entregué. A plenitud. Seguí tus pasos a ciegas. Me acomodé, me adapté y me acostumbré a la única forma que deseaba conocer. 

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Cenamos a la luz de la luna, nos repletamos de “primeras veces”, te dije todos mis secretos. Conociste cada defecto, cada grieta y te ajustaste en cada espacio vacío. Aprendimos uno del otro, nos aprendimos. Amanecimos con las mejores “buenas mañanas”, recorrimos y zarpamos del cuerpo del otro, esquivamos las piedras del camino, evitamos los abismos del otro y nos corregimos, nos llenamos de suerte y bendiciones.

Fuiste mi abrigo, la luz en el túnel, el sabor a manzanilla los días de fiebre, los rezos más puros, la despedida más triste. Me alimentaste de proyectos por hacer.

Sin condiciones. Sin términos. Sin instrucciones. Pura poesía pura, puro sentimiento puro.

Le agradecí al Universo, le agradecí a D.os una y otra vez, le hable de ti a cada una de mis versiones. Me imaginé, me proyecté… nos proyecté.

Le conté de ti al viento, nos inscribí en un árbol y de nuestras iniciales confié. Me esmeré, me enamoré… te amé y hoy, quizás pienso que de más. 

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Y sin previo aviso, te retiras. Me dejas en deudas, en deficits y en términos inexplicables. Me dejas escuchando ecos, viviendo despacio.

Sin maletas, sin remordimientos. Llevándote la suerte de tu lado, las plegarias, las poesías y los abrigos en los días de frío.

Sin previo aviso me haces odiar cada centimetro, mi polvo, mi brillo…. te vas. Te fuiste. Y de haber sabido esto… no te hubiera amado con cada célula, con cada cayo. No te hubiese idealizado en certezas, no te hubiera esperado meses y años, no me hubiera encontrado en ti y no me hubiera llenado de ti.

Si hubiera sabido que no te quedabas, no me arraigaba, no me acomodaba… no me entregaba quedándome vacía. No ataba mis pies como anzuelo, no hubiera caminado con paso tan firme… no te concedía mis deseos, ni tampoco tantas de mis plegarias..

Hubiera corrido, me hubiera escapado. Hubiera cambiado la jugada, no te hubiera dado esto y más. Hubiera leído tus malditas instrucciones y no me hubiera saltado los términos y condiciones. 

De haber sabido que te ibas, no te hubiera amado de la forma, de la intención en la que lo hice. No te hubiera amado tanto

 

Texto: Sofia Salame

Foto: Maud Chalard

 

4 comentarios en “Si hubiera sabido que te ibas… no te hubiera amado tanto.

  1. En un punto de crisis existencial de mi vida -que así considero por el momento- me vine a encontrar con este post meintras viajaba por mis News Feed en Facebook.
    El llanto en mis ojos se vino hasta terminar cada palabra.
    Verdaderamente me identifico con esto, ya que hace apenas ocho días compartía metas con una persona que consideraba -malamente- mi vida, y no PARTE DE MI VIDA. Fue tan fuerte el golpe de realidad, por que vivía con esa persona.
    Estoy en una etapa difícil.

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    1. Idealismos tanto , que perdemos la esencia de nuestro propio ser.
      Mi etapa apenas comienza en un proceso similar y es asfixiante.
      Ánimo. !!

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