Hoy por mí…

He puesto en tus manos mi felicidad, de mis noches de insomnio te has adueñado. Y siempre creí que era feliz.

Que era feliz, porque dependía de ti, y mi felicidad de la tuya. Lo ponía todo en tus manos. Mis días pasaban desabridos, mis momentos en rutina y mis pensamientos te ocupaban a ti, todo lo cambiaste. Me encanto, fuiste distinto.. fuiste la cereza en mi pastel. Fui tu responsabilidad, fuiste mi respuesta… fui.

Todo giraba alrededor de ti. Mi felicidad, mi constancia, mi despertar, mi insomnio y de a poco mi vida. Te habías adueñado, de mis trazos, de mis letras, de mis versos y dificultades. Eras mi ritmo, mis espacios entre palabras, cada respiro, cada suspiro. Suponía que me completabas, que llenabas lo que faltaba… y cuando no faltaba nada… ahí seguías.

Y tanto pensaba en ti, que me olvidaba de mí. Tanto eras tú, que ya no había un yo. Eras mi razón para amanecer.

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Me dabas confort, me quitabas la austeridad. Me proveías en inspiración y en abrazos curabas mis rupturas.

Y es que en mi sombra veía tu silueta, mis pasos se guiaban en los tuyos y de a poco yo ya no era mía y mi cuerpo ya ni siquiera me pertenecía.

Mis manos se acostumbraron a la protección de las tuyas, mis ojos al brillo de los tuyos y toda yo me acostumbre a ti, me acostumbre a un yo con un tú. Eras mi costumbre favorita, mi instancia consentida, eras la versión privilegiada de mí misma. 

Te veía en mis planes, en mi presente y en cada momento del futuro. Te apoderabas de mi tiempo y de mi calendario. Te esperaba, te necesitaba y en donde buscaba… te encontraba: En detalle, en ausencia y hasta en donde había tinieblas.

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Nombraba a todo por tu nombre, tus olores me aparecían, tu cuerpo lo sentía y en el reflejo te encontraba. Tus lugares, tus manías, tus espacios.

En mi mirada te veía, en mi aliento te tenía y me parece ridículo no entender como habías llegado hasta aquí, tan dentro de mí.

Es incomprensible porque en tus manos dependí de mi seguridad, en tus palabras asegure mi futuro y en tus besos me acurruque.

Y hoy que ya no estás, yo tampoco estoy. 

Me dejas vacía y en vicio, me dejas sin palabras, sin camino, sin seguridad ni un futuro. No tengo días en el calendario, no le encuentro sabores a la comida, ya no tengo días en mi calendario y honestamente al decir mi nombre me siento vacía.

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Hablo y me falta el aire, respiro y francamente no me recupero. Hay un hueco, pero no de ti.. sino de mí.

He provocado esto, he invertido mal. Muy mal, pues en vez de verte como un plus… hice de ti.. EL plus. Habitaste lo habitado, entraste donde ya no había espacio y fue mi culpa haberte forzado.

Hoy no me queda más que ver por mí. Que reconstruir mis poros y células de inicio a fin, de llenarme los ojos no por ti, sino por mí…. de mí. De ya no esperar tus flores, sino construir mi propio jardín. De olvidarme de tus llamadas, de olvidarme de lo que me hacías sentir. Hoy es el día de desifrarme por mí, de invertirme, de conocerme y amarme… no esperar eso de alguien más.

Fue económico, lo sé. Fue concreto, lo sé. Pero hoy sé, que no me puedo construir de lo que no soy yo, no puedo depender, confiar y crecer a partir de lo que no soy. Primero vengo yo. Sí soy egoísta, pero es la única forma.

Hoy decido alimentar mi alma de lo que sobre, de echarle vuelo a mis piernas, de encontentarme con la vida y de volverme a aceptar como soy.

Hoy no me queda nada más que los restos de mí, no me espera nada, más que lo que desee, más que lo que proponga. Me queda pendiente ver por mí y no depositar en ningún lado mi felicidad, más que por mí.

 

Texto: Sofia Salame

Fotografías del grandioso: Maud Chalard

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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