De caídas y otras cosas.

Tengo la cabeza confundida y las emociones revueltas, tanto así que no puedo escribir, digamos que mi creatividad está en un receso largo, o quizás se quedó viajando. Sí, eso, mi creatividad se dio cuenta de que estamos mejor cuando somos libres, cuando nos movemos, cuando hay naturaleza y paz, cuando hay mar, cuando hay contemplación.

Después de ocho meses de mochilera dejé de viajar en Septiembre; en el camino me enamoré y decidí cambiar el rumbo y bajar a Buenos Aires para encontrarme con él y juntos poder seguir caminando, las cosas no funcionaron, así que después de mucho dolor decidí que el mejor lugar para recuperar fuerza son los brazos de mamá, y es que ni con veintinueve años dejas de buscar esa paz que sólo tu madre te da. Y aquí estoy, cuatro años después de vuelta a una ciudad a la que siempre me sentí ajena.

Y es que cuando uno decide volver a casa, hay una parte suya que vuelve a sí mismo. De pronto te invaden recuerdos de tus primeros años, ves gente a la que tenías olvidada, caminas por calles que no han cambiado nada, comes cosas que hace mucho no probabas y te das cuenta que la gente sigue igual, pero tú eres distinto, y a ese yo distinto le cuesta encajar, le cuesta sentir que su casa es suya, le cuesta encontrarle el sentido y entender las cosas.

La familia se preocupa, mis amigos se casan y tienen hijos, mi gente se compromete con trabajos que les quitan su tiempo para estar en paz y crear, la violencia nos invade y la tristeza se respira en el aire. Las preguntas están ahí todo el tiempo ¿Qué tal el viaje? ¿Qué sientes al volver? ¿Por qué volviste? ¿Qué vas a hacer con tu vida? Y cada una de ellas podría tener una respuesta mágica, sin embargo salen respuestas vagas, sin ganas. 

¿Qué te hicieron, mi niña? Pregunta mamá cada vez que las lágrimas salen sin razón alguna. Descansa, no pienses, ve series y sé banal, me dice, después me cocina, me abraza, me besa y me reconforta. La veo preocupada por mi, yo también lo estaría ¿Cómo le explico la libertad? ¿Cómo le transmito mis ganas a quien las perdió? ¿Cómo le hago entender lo mucho que me asusta este mundo? ¿Cómo le digo que no me hicieron nada, pero que una sociedad así me enferma, me asusta, me estremece? ¿Cómo le muestro la tristeza de los años que dejó ir? ¿Cómo hago para que entienda que nos enseñan a hacer todo al revés? Así que sólo lloro, río, lloro, hablo, no hablo, me encierro, duermo, soy. Soy mientras escucho a la vecina de nueve años que entre lágrimas y gritos le pregunta a su mamá por qué les tocó ser pobres, cuando en realidad tiene todo. Soy mientras Rosita, la señora que limpia la casa de mi abuela,  no puede pagar un médico y tiene que escuchar sobre la maravillosa finca a la que va a ir mi abuelo a curarse. Soy durante las conversaciones de unos niños que dicen que su compañera es fea porque es morena. Soy ante las injusticias que suceden todo el tiempo. Soy en este mundo tan lleno de ego y falsedad. Soy ante una sociedad que decidió que era más inteligente cerrar los ojos que hacer algo.

¿Y ahora qué hago? Y tú, que me estás leyendo, tú que quizás no volviste a casa, pero estás empezando de nuevo ¿Qué vas a hacer? Que pregunta tan incómoda, me hace doler la panza ¿Qué vas a hacer? ¿Cuándo vas a ser? ¿Cuándo vas a abrir los ojos? ¿Cuándo vamos a generar un cambio rotundo y real? Y es que somos completamente manipulables, nos venden la felicidad en cuotas y estamos dispuestos a pagarlas con sangre. Todos los días las mismas cosas, la misma rutina, las mismas tristezas y las mismas charlas. Todos los días el mismo camino. Todos los días el mismo pretexto. Todos los días lo mismo y así no se puede, entonces cambia el plan, mejora la estrategia y vuela, te digo, vuela de una vez por todas, y párale al teatrito social.

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Colaboración por Maca Abarca.

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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