Detesto tus flores, también las deseo.

De vez en vez,
me siento a oír el sonido de las teclas tintineando líneas desaliñadas, prejuicios obsoletos y recuerdos que anidan mis huesos.
Otras,
me concentro en oír como pasa el café por mi garganta o el agua por mi cuerpo, indistinta a cualquier otro sonido, recuerdo, pensamiento, o afin.
Otras,
solamente camino desesperada en los senderos de la esquina de la casa, pisando las hojas ya marchitas, que también tintinean en mis oídos, mis pensamientos, los tuyos.

Intento. Siempre o casi siempre absorber estos obsoletos pensamientos, pues en lo único que me dejan es en ruinas. Busco desconcentrarme y ocuparme, evitarme a mí misma, a mis encuentros y a mis charlas cristalinas, a mis versiones vespertinas.

Detesto como me susurran, me susurran tu nombre, tu encuentro, tu cuerpo. Detesto el silencio, detesto nuestro silencio, detesto esas flores marchitas de tu estúpido perdón.

Por donde paso, algo grita tu nombre, mis dedos siempre quieren tintinear tus letras, las de tu nombre… la taza de té que me sabe a tu olor y mis manos incompletas, sin flores.. en ruinas están.

Ya no quiero traerte a colación,
ya no quiero recordarte.. pues me pesa y me arrastra.
Me arrastras en mis siete, ocho, nueve sentidos… me esparces a lugares desconocidos, a versiones que no deseo, a personas que no deseo.

Ya no quiero tus flores, tus olores o estigmas, ya no quiero tu devoción o tu escasa atención.. ni que me busques poco, ni que me procures poco. Tampoco quiero tus mensajes breves, tus “extraños” extraños, ni que mi teclado tintinee tus letras, tu nombre.

Tampoco las quiero, a esas flores que me ejemplifican lo que somos y como nos encontramos… “marchitos”

 

Sof Salame.

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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