El ave fénix

Guárdame un pedazo de cielo, pues tu ya haz llegado. No te olvides del vuelo del fénix, del pacto que aquellos días firmamos. Recuerda cada una de las palabras que nuestras bocas sentenciaron, que de no ser por ellas no habrá chispa que encienda las cenizas.
Abre bien tus alas y prepárate para volar, espera a que llegue y el viento comenzará a soplar. Con gran anhelo espero ver de nuevo, aquellos ojos que un día robaron el pequeño mecanismo que hace fluir la sangre por mi cuerpo, el que algún día dejará de funcionar.
Con ese fallo futurista llegará una hoja en blanco, en la que dos personajes principales marcarán un nuevo camino; escribiendo historias que en el cosmos los astros ya platican y de la que nosotros sordos estamos.
Que chulada es esto del amor, inventado para entretener al hombrecillo cuyos pantalones están perdidos. Con gran destreza en sus tiempos libres comienza a arrojar flechas en direcciones opuesta, causando que las plumas comiencen a correr sus tintas, llenando a los ríos de piedras.
Unidos por la testaruda ballesta la sustancia penetra en el núcleo del alma, tatuando un nombre, creando un duplo. Ahora le toca al destino jugar a las escondidas y ver cuantas vidas le quedan para ser unidas, que en nuestro caso ya es la cuarta.
Libres fuimos primero, pero el ingenio del pequeño decidió empalmar nuestros caminos, dejándonos esclavos uno del otro, esclavos de cada paso que damos, creando partidos cíclicos, creando a lo que llamamos las almas gemelas.
Nacemos crecemos y pisamos las mismas piedras, marcadas por el deseo un tanto carnal que poseemos. Con ciclos pasados hemos obtenido alas, que en nuestros cuerpos nos han convertido en el ave escarlata.
Con cada pluma formamos las reglas del juego, al que inherentemente bautizamos como el fénix, que su bella pureza es la esencia. Cruzábamos senderos y las partidas eran gemelas, curiosa era la primicia pues el primer ataque se daba por derives extraños, ninguno tenía por que estar parado en aquella casilla; pero acto seguido magnéticamente cruzábamos miradas y algunas veces pocas palabras.
A causa del disgusto automático buscábamos el expediente contrarío, polarizados a la reseña obtenida como el norte y la brújula de nuevo franqueábamos el debido territorio, y por supuesto atacábamos cargados de miradas homicidas.
Con la mejor infantería ambos cedíamos tierra, que ente bombazos y estruendos sufrían episodios afectuosos. Pero como en toda guerra entre el falso cese al fuego llegaban los aliados, sellando inútilmente las puertas del refugio.
Pasado algún tiempo llegaban las contiendas, devastando las paredes del iluso amparo al que recurrimos como escape. Y las armas apuntaban a su blanco original, pero no sin dar antes un pequeño acto.
Chorreábamos de pintura los cuadro de nuestras vidas, creando series de obras de arte inconclusas, pintando unos cuantos episodios esplendorosos y otros cuantos foscos.
Cuatro veces marchamos los mismos caminos de guerra, quemando cartuchos formamos vestigios llamados cenizas. Derrochado aquel tablero se expedito una promesa realizada en el cuarto lecho.
Con testigos en el cielo conjuntamos un par de versos, palabras formadas por los labios de dos moribundo testigos de aquel mágico renacimiento.
Montón de cenizas pisaban los pies de dos veteranos. Juntados los labios mojados de lagrimas, cruzaron miradas sellando la triste caída del fénix. Cansados de estar separados lloraron anhelos de amor, y sin darse cuenta prendieron con fuego aquella pila en la que se encontraban parados.
Y así la promesa paso a ser un contrato, cuyos términos fueron sellados con aquella arma letal, con aquella flecha que de primer instante causo la batalla. Que mejor trato, le dijo el general a su rival, que mejor trato contestó la mujer.
Pero aun con todo el asunto legal, llegó el verdugo en el momento oportuno. Tomando su hacha miro de reojo, midió su distancia y con una sonrisa cumplió su palabra.
Negada campana sonaba en mi alma, abriendo camino al ultimo destino. Cargada con armas llegué a tu eterna cama y mirando hacia el cielo no me quedo más que decirte algunas palabras.
Guárdame un pedazo de cielo pues tu ya haz llegado. No te olvides del vuelo del fénix, del pacto que aquellos días firmamos……..

Por: Alameda

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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