Mujer de hoy, de ayer y de mañana.


Hace unas cuantas semanas me topé con una de las peores combinaciones de palabras en el lenguaje español. Un individuo, por no decir nombres ni montar culpas, pronunció ávidamente: “¿Cuántas mujeres te gustaría tener?” La reacción de mi fémina existencia consistió en un gran y fuerte resoplido de indignación, seguido de unas increíbles, pero habilidosas marometas por parte de mis ojos.
De pronto un sinfín de escenarios se pasaron por mi cabeza, un hombre en el supermercado diciendo: “Me da tres mujeres. Dos morenas y una pelirroja, por favor. No, no me dé de las rubias joven, esas a los tres días ya están mallugadas”
Y es que las ganas de objetivizar a las mujeres como un premio o el trofeo al final de la meta me produce un poco, sino es que verdaderamente mucho asco.
Esto no quiere decir que no se objetivice a los hombres, porque en algunos casos -raros pero casos al fin-, sucede. La realidad aquí y en China es que las mujeres somos vistas como el regalo que te trae Santa Claus si eres bueno, como el elíxir y el éxtasis de la virilidad. ¡Oh vaya ese hombre tiene tres mujeres ha de ser un increíble macho alfa! (Inserte risa sarcástica aquí)
Lo que más rabia le produce a uno y le hace parpadear repetidamente en tono de incredulidad, es el uso de la palabra “tener”. Ni yo te tengo ni tú me tienes. Aquel que crea poseer a otro ser humano, que despierte pues la verdad se le está escapando como agua entre los dedos.
Aquí la intención no es criticar a las múltiples parejas, sin duda. Ya sean amorosas, sexuales o de cualquier índole, si se tiene consciencia por ambas partes que cada quien viva como le plazca y que se inunde en su felicidad. La vertiente aquí es que nos hemos deshumanizado tanto que es increíble pensar que uno puede ir por la vida ejerciendo el poder de nuestro género por sobre los demás, poseyéndonos como un objeto desechable.                                          

Clarifico de antemano que es muy probable que si un hombre machista lee estas palabras se sienta identificado. Si se pone el saco, es probable que hasta una vena en su frente comience a ser prominente debido al enojo. Mis disculpas de antemano si sucede, pero si me conoces déjame saberlo, para no correr, sino huir de tu compañía.
He recopilado ciertos pasos que han sido debeladores para mí en este interesante y trágicamente hermoso periodo de juventud, en donde más de uno me ha cambiado, para bien está de más decir. Como mi más preciado tesoro hoy te los comparto, tal vez te puedan servir.


Paso número 1: Dejémonos de odiar entre nosotras. La competencia es buena y placentera. Ocupémosla para pelear por trabajos, por salarios o por puestos, no por la atención de alguien más. Si piensas que una mujer se ve linda hoy o te gusta cómo piensa, lo que escucha o qué trae puesto: ¡Díselo! Créeme, lo he probado y después de hacerlo, si te concentras mucho puedes incluso oír como cae un peso de más que llevabas cargando.


Paso número 2: Deja de decir que las mujeres te odian o que no les caes bien. Sí, con las manos en los ojos y color en las mejillas lo confieso, yo era una de esas, que decía: “¡Nombre, yo casi no tengo amigas mujeres, me llevo mejor con los hombres!”.
Últimamente he pensado que probablemente decía esto porque no me gustaba esforzarme. La sociedad me indicaba que debía de sentir celos y provocar celos entre las demás. Deja de hacerlo, concéntrate y llévate con personas afines a tus gustos y personalidad. No las descalifiques por su género. Ya sean hombres o mujeres hay almas increíbles allá afuera, mágicas de verdad. Hay cosas mucho más grandes que el género.


Paso número 3: Entiende que a veces las mujeres son hasta más machistas que los hombres. No utilices la palabra “zorra” si no la conoces solo por cómo está vestida. No te rías de chistes que digan que solo servimos para barrer, no dejes que menosprecien tu carrera o tus aficiones. Trata de pensar si te gustaría vivir en un mundo así, da un paso para atrás y observa tu comportamiento.


Paso número 4: No exageres. Tampoco es la intención que ahora sobre analices todo y tomes una actitud intransigente. No quiere decir que tu novio es machista si te abre la puerta o si pasa por ti. Recuerda que esto es un gesto de cariño y de respeto, no tiene absolutamente nada que ver con el género. Es más, ten detalles tú así con él también. Te podría prometer que serán más felices los dos, querer y respetar no te hace débil.


Paso número 5: Ten respeto y respétate. No hay cosa que me dé más escalofrío que la frase: “eres mujer, date a respetar”. La mayoría de las veces esto tiene que ver con que tu cuerpo es un tesoro que tienes que cuidar para cuando venga el hombre ideal y se lo entregues.
Te piden que lo escondas, que no uses cierta ropa y demás pamplinas. ¿Te gusta esa falda que parece cinturón? ¿Te gusta el cuello de tortuga? ÚSALOS. La ropa que te pongas no te hace menos persona, no te estás vistiendo para alguien, te estás vistiendo para ti, para tu comodidad. Recuerda que uses lo que uses nunca va a ser excusa para hacer algo que tú no quieres. Aléjate de frases como: “¡Como no quería que le hicieran algo, mira la falda que traía puesta!” NADA justifica que hagan algo que tú no quieres, que esto sea tu mantra. Ese es el respeto que te debes de tener de acuerdo a tus convicciones y creencias, no las de la sociedad.


Paso número 6: No te sientas culpable si te gustan cosas femeninas o masculinas. ¿Lloras con las películas? o ¿Eres una roca que no llora desde hace 10 años? Cierra los ojos y repite conmigo: No tiene nada de malo.
No tiene nada de malo que te guste usar rosa o moños en la cabeza. Tampoco tiene nada de malo si te gusta usar el pelo corto o largo, si te gusta usar negro. Las películas, la música, la ropa y las palabras no tienen género. Así como tampoco las profesiones. Cada quien tiene habilidades distintas, no satanices si quieres ser ama de casa, tampoco si te gusta la ingeniería, el derecho o el cine. Deja de poner las cosas en cajas sexistas.


Recuerda al final, que el respeto se gana, que tu cuerpo es tuyo y solo tuyo. No tienes que guardarlo para nadie más que para ti. Recuerda que ser mujer es maravilloso y que debes de serle fiel a tu género. No olvides de rodearte de hombres y mujeres que respeten esto, que entiendan y que ejerciten sus habilidades no-sexistas. No odies a los hombres, ni a las mujeres tampoco, dale respeto a quien respeto se merece pero no te quedes sentada mientras te insultan sin precedente.
Sácudete los pensamientos retrógradas, estos roles llevan años en nuestras vidas pero no quiere decir que sean inamovibles si te están incomodando. El crecimiento y la vida tan rápida del siglo XXI está haciendo que cada vez las mujeres seamos más autónomas y que no dependamos económicamente de nadie, analiza esto: si ninguno de los dos se retiene por dinero, ambos están juntos por que quieren y porque se respetan. ¿Qué más quieres que exista?
Finalmente, ser hombre no le da derecho a no aceptarte sino cabes en sus estereotipos pero tampoco te da derecho a ti a no respetarlo si no cabe en los tuyos. Limpia tu vida de personas nocivas, hombres y mujeres.
Si en este mundo todos amáramos un poquito más y juzgáramos un poquito menos, la fe no se hubiera escapado con la primera bocanada de aire que tomamos en el día.

Por Michelle Angell

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