Insípido.

Ya todo me sabe a nada. Paralelo a mis robustas sombras y recuerdos que son el: que sea lo que deba ser.

Ya en el nada encuentro el todo. Un todo desvanecido y totalitario que se fue sin autorización. Que ahí está, divagando en mi inconciencia, sobajando a mi “yo” y al “súper yo”.

Insípido: sin clemencia, me deja sin sabores. Ya no los encuentro y ni lo deseo hacer aunque me arrebaten, asesinen y asechen, me aturdan sin detener, me busquen y me exijan. Ya no los quiero, no los necesito.

Todo me recuerda a algo y ese algo ya ni está. Comidas desabridas, canciones sin nombre… pozos sin fondo; una taza de clichés, dos sobres de sarcasmo y el perfume de carencia. De tu ausencia, la suya… la mía.

Nombres, alfombras persas. ¿Promesas? y hasta parece que ya no tiene colores mi vida, parece que todo se siente y sabe igual, que todas las canciones son las mismas y las rutas monótonos caminos al desencuentro.

Nombres que guían historias, que enriquecen mi abismo, que ya ni unen puntos solo -nos- alejan. Nombres que, por sí solos cuentan historias, graban y trazan de a dos.

Ahora de a uno: yo.

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Recuerdos: mal escritos y con faltas de ortografía ubicados en mapas descocidos que guían diferentes direcciones que a su vez danzan en charcos de mis marchitas lágrimas. Malas recomendaciones, sustanciosos pensamientos. Divagaciones, karaokes… qué sé yo. Cartas de ti, de mí, por mí… era lo mismo.

Tu nombre. Mi nombre. Tu asiento. Donde me quedo… donde quería quedarme, donde ya no quedé. Donde comúnmente anhelo, donde me encuentro (solamente) en mente… en espera y en pausa… cada centímetro en impaciente espera. Distante, fría, acabada.

Risas de desastre y un par de zapateos que cantan tu presencia, que son míos… digo, tuyos. Un “tantán” y un par de puntos suspensivos, luz al final… o es lo que yo veía -o quería ver- y para ti… claro, un punto final. Adioses que no se dicen, pero se asumen.

A pulso.

Insípido, soso, austero y sin nada ni nadie.

Malas pausas, malas comas, malas escrituras. “Le falta sal”, “le faltan acentos” y yo siempre digo: “le falta él”.

Por: Sofia Salame

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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