La espera interminable

Estoy segura de que no me va a contestar y lo peor es que por una simple frase arruiné nuestra naciente relación de amistad. El corazón fue demasiado, debí ponerle una simple carita feliz. Qué tonta soy, no me hubiera lanzado de esa forma, si tan solo hubiera…

Y de repente me interrumpió el ping del celular que me avisaba la llegada de un whatsapp. Como estaba caminando de un lado a otro de mi habitación y había aventado el celular encima de mi cama, me abalancé como animal hacia el pequeño aparato.

Al terminar de leer el mensaje, una sonrisa, de esas que solo puedes hacer cuando te sientes enamorado, cruzó por mi rostro. “Yo también espero verte pronto”, una frase con cinco palabras que mejoraron mi día y disiparon mis dudas por el momento.

Pero… ¿ahora qué le contestó? La pregunta que me hacía prácticamente cada que hablaba con él, no quería ser demasiado obvia pero tampoco quería parecer desinteresada. Qué difícil es hablar con un chico, nunca sabes cómo van a reaccionar ni qué te van a contestar; agregando a esto, el hecho de que es mayor que yo por dos años, así que mi preocupación era doble porque no quería que pensara que era una inmadura pero tampoco quería parecer aburrida. Qué dilema.

Suspiré, aún con la estúpida sonrisa en mi cara, y le contesté lo primero que se me vino a la mente “El tiempo pasará rápido”, aunque después de habérselo enviado me di cuenta de que no era cierto, el tiempo no pasa rápido, tenía más de un año sin verlo a causa de la distancia que nos separaba; cuando miré el reloj, el tiempo pasaba tan lento que parecía burlarse de mí.

Volví a suspirar y me deje caer en las almohadas, la sonrisa desapareció de mi rostro. ¿Cómo es posible que me hubiera enamorado tan rápido de él? Apenas lo conocía y las veces que nos habíamos visto habían sido tan pocas y relativamente breves, tampoco teníamos muchas cosas en común, la distancia claramente era un problema y en general éramos como polos opuestos. Sin embargo, todo esto desaparecía de mi mente cuando recordaba las veces en que me hacía reír, su personalidad enérgica pero a la vez tranquila, su particular manera de hablar, su carisma y simpatía con todas las personas que llegaban a conocerlo, su pasión por su deporte favorito… No, debía concentrarme y no perder la cabeza, no quería un corazón roto de nuevo.

El ping volvió a interrumpir mis ensoñaciones y la sonrisa reapareció, el mensaje decía “Yo también espero que pase pronto”. Me sentía en las nubes y cuando me hablaba así me hacía creer que él también estaba loco por mí. La verdad es que no estaba nada segura de eso, al día siguiente podía no hablarme o simplemente seguir la conversación como si nada hubiera pasado, los hombres podían ser tan complicados.

Así que decidí cambiar radicalmente de tema para no entrar en cuestiones sentimentales y siguió atormentándome el mismo problema que se desarrolla en mi mente cada que espero su respuesta.

Por: Luisa Amanda Mendoza Ochoa

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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